1.5.12

Historias para no dormir. Vol. 2

No sé si te has dado cuenta de todas esas veces que me dejas sin respiración. Mi día puede haber sido de lo más corriente hasta que me miras, y tus ojos azules se clavan en mi rostro, y giro la cabeza para que no te des cuenta de que mis mejillas están sonrosadas y de que he empezado a hiperventilar. Qué tontería, ¿no?


Luego quedan esas ocasiones que contamos con los dedos de una mano, cuando tus yemas rozan las mías por casualidad, de imprevisto, en público, donde no suelen hacerlo, y yo casi (casi) me quiero morir. Pero no morir, porque tu piel ha rozado la mía y la vida se ha detenido, perfecta, dejando este planeta estático por un instante. Siguiendo las leyes de la física, he decidido asumir que hay otra realidad compuesta de momentos estáticos que solamente se pone en movimiento cuando la nuestra se estanca para evitar crear un agujero negro. ¿Tiene lo que digo algún sentido?


Probablemente no, porque estoy aquí sentada y me has mirado, y tus dedos han rozado mi brazo, y el mundo está detenido, y ahora el otro yo de una realidad paralela y distante está terminando este post con palabras incoherentes, tecleando sin parar, haciendo bombear mi corazón con el clic de cada letra.