No me gustan las despedidas: son innecesarias y me hacen sentir triste. Es tan sencillo pensar que nos veremos al día siguiente, que hablaremos en el recreo igual que llevamos haciendo, que cogeremos el tren para ir hasta Príncipe Pío y que acabaremos entrando en el Corte Inglés por mucho que no queramos... ¿Y qué si no lo vamos a hacer durante un tiempo? Volveremos a nuestra rutina, tarde o temprano, y hasta que lo hagamos, crearemos una nueva. No me gustan las despedidas, y por eso no me voy a despedir. No diré eso de "esto no es un adiós, es un hasta luego" porque no es un "hasta luego". Sencillamente, es un "os quiero". Porque no creo que haya que decir nada más. A nadie.
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