Voy caminando por una calle. De vez en cuando, algún coche pasa por mi lado. Pero me desentiendo de esos ruidos molestos, yo voy escuchando música con los casquitos blancos. Mi música, esa que últimamente me acompaña a todas partes. Y como ya me sé el camino en esta ciudad desconocida, empiezo a andar. Y al girar la esquina, aparece. Va vestido con su camiseta negra de adidas, unos vaqueros piratas y sus deportivas blancas. Pero lleve lo que lleve a mi siempre me va a parecer que está guapísimo. Tiene una sonrisa y unos ojos preciosos, marrones de lejos, verdes de cerca. Me abraza y me besa. Y así transcurre la tarde sentados en un jardín, entre bromas, palabras, abrazos, anécdotas, besos y risas. Hasta el final. El final de una historia, que se llevará ahora en la distancia. Ninguno de los dos sabemos qué pasará. Pero somos jóvenes, y hacemos locuras. Locuras por amor. Porque yo al chico de pelo negro y gran sonrisa le quiero como nunca he querido a nadie. Y él lo sabe. Él es mi sonrisa de cada día. Cuando nos hemos ido a despedir, se me han empañado los ojos... Pero he pensado: "Vamos, hay que ser valiente. No quiero que me recuerde así, sólo que me recuerde con la sonrisa en la cara" Y lo he conseguido. No he llorado. Sólo le he abrazado muy fuerte. No quería soltarle, quería que se quedase conmigo siempre. Pero somos de lugares distintos. Y eso por ahora no lo podemos cambiar. Yo espero poder volver a verle antes del próximo verano. Sino, moriré... Sólo decirte una última cosa. Te quiero muchísimo, y no sabes lo que te voy a echar de menos.
Te quiero.
No hay comentarios:
Publicar un comentario