6.9.11

Distinto.

Vivo en un país distinto.

En el país donde vivo, cada mañana juras con la mano en el pecho, mirando hacia la bandera más alta de la clase. Parece que es temprano, pero a esa hora la gente ya ha tenido su entrenamiento, y ha tenido tiempo de volver a su casa, ducharse y hasta desayunar. Pero yo no desayuno.

En el país donde vivo, cada día las clases son iguales que el día anterior. Te mueves de una a otra con libros en una mano y un bolso colgado, intentando que nadie te empuje y te clave tu tesoro. Yo ya tengo un moratón.

En el país donde vivo, los libros son un tesoro, y se los cuida como se merecen, aunque no son tuyos, son prestados, y no tienes que pagar por ellos, porque los compra el Estado, por eso algunos están tan viejos. Aunque yo sí he pagado.

Vivo en un país distinto, un país raro. La gente está callada en clase, incluso aquella gente que no quiere estar ahí. Esa gente duerme, sin más. Aunque yo sí quiero estar aquí. Quiero levantarme, ir a clase, no entender mucho de lo que me dicen y acabar agotada del esfuerzo. Es mentira, no quiero. Pero lo hago. 

La gente tampoco copia en los exámenes, y algunas chicas dejan a sus novios porque (dicen) que es lo que Jesús quiere. Menuda tontería, pienso yo. Pero no lo digo, aunque saben que lo pienso. Siempre se ha leído muy bien todo lo que opino en mi frente.

Sí, vivo en un país extraño. Bueno a su manera, y también malo. O quizá distinto. 

Solo distinto. 


m.

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