—No, no puedo, por favor, no quiero, no quiero.
—He dicho que vayas. No me desobedezcas. Tienes que hacerlo.
—No por favor, otra vez no...
—Deja de llorar, ¿ves? Eres débil. Y más débil que serás. Caerás en la tentación, y yo estaré ahí para verlo.
Golpe. El espejo, destruido en miles de trozos que no se volverán a juntar nunca. Como su cabeza. Y sus pensamientos, divididos.
De total locura. Muchas veces hablamos con nosotros mismos, meditando nuestras acciones y dejándonos llevar por los temores.
ResponderEliminarUn saludo, tocaya.