Es un instante. Un momento tan breve que parece casi absurdo, que se deshace como una montaña de arena y se escurre entre los dedos cual agua caída de un cántaro. Una milésima de segundo tan perfecta que no puede durar más allá de ese tiempo, porque si lo hiciera, perdería gran parte de su perfección. Sin embargo, perfecto no es adjetivo para este sujeto. Porque no hay manera de definirlo, no hay palabras que expliquen la sensación que recorre tu cuerpo, y tampoco quieres que las haya. Solo quieres guardarlo, guardarlo para siempre, y desear con toda la fuerza de tu corazón poder rememorarlo siempre que sea necesario.

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