Deja de empeñarte en prolongar lo improlongable, de intentar que sea eterno cuando sabes que no lo será. Porque todo se acaba. La vida, el dinero, la comida, el tiempo... incluso los sentimientos se acaban. En todos los sentidos. Y cuando se acaban, no debes tratar de hacer nada por recuperarlos. Porque, aunque pese, se han acabado. Y tú puedes convencerte de que no lo han hecho, intentarlo y no cesar en tu empeño de lograrlo. Puedes pensar que siguen ahí; tarde o temprano te darás cuenta de que no, de que lo que creías que no se había ido ya no es más que cariño por todo lo vivido.
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