La lluvia caía sobre ella. Aquella lluvia inquietante y,desgraciadamente, despampanante. La lluvia caía sobre ella mientas sus delicados lacrimógenos iban inundándose. Poco a poco, la inundación pasó a ser un río. Un río tan denso como un grifo sin fin. El caso era que, procediera de donde procediese, el suelo siempre quedaba inevitablemente mojado. Deseaba profundamente que escampara, que aquella marabunta de agua se extinguiera, hasta que no fuese más que un recuerdo remoto de un día desastroso. Pero no fue aquello lo que pasó. Sinceramente, ni se aproximaba a la realidad. La lluvia simplemente caía sobre ella.
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