20.9.10

Stop.

Apoyó el cuchillo sobre la blanca y suave piel de su cuello. Una piel que había sido acariciada por él tantas veces que no era capaz de contarlas. No resteñó la lágrima que cayó por su rostro al recordarle. Ya nada tenía sentido, ya nada valía la pena si no le tenía a su lado, si sabía que no iba a volver jamás. Comenzó a apretar la cortante hoja contra su carne. Sabía que su muerte sería rápida, apenas unos instantes hasta morir desangrada. Se había informado a conciencia, la yugular era la arteria con mayor riego sanguíneo. No quería que doliera, aunque estaba convencida de que lo haría. Al menos, sería una muerte breve.

Un fino hilo de sangre resbaló por su cuello, manchando su camisa. Sofocando sus lágrimas, observó por la ventana el vaivén de las olas en la orilla. Cuantas veces había estado abrazada a él, observando ese mismo paisaje...

Tomó aire, dispuesta a acabar con su sufrimiento de una vez por todas. Empuñó el arma con fuerza y presionó más.

Una voz detuvo sus movimientos.

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