Ella. Piensa, suspira, respira lentamente. Le mira, asiente. Le vuelve a mirar. Sujeta con fuerza una cadena de plata, cuelga una lágrima de cristal, diminuta, delicada, regalo de un tiempo mejor. Él se acerca, no tiembla al mantener su mirada. Un bofetada, las lágrimas saltan. Y llora, por dentro pero llora, herida otra vez, incapaz de hacer nada, avergonzada.

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