18.1.11

Unpredictable.

Leo. Grito, grito de rabia. Pregunto el por qué de las cosas, pero nadie es capaz de contestarme con una respuesta sensata. Sigue la rabia. Esa rabia que me hace darle patadas a todo, la rabia que no te deja tranquila. La puta rabia. Y mientras ella se apodera de mi, aparecen. Llevo toda la estúpida tarde evitándolas. Pero aparecen. Aparecen esas lágrimas, esas mierdosas lágrimas que no me dejan vivir. Aparecen hasta el punto en el que dejo de diferenciarlas entre las gotas de la ducha. Se lo prometí. Le prometí que intentaría no ponerme triste. Pero no lo he conseguido. Y vuelvo a leer. Hasta que logran que se me pase. Y se me pasa. Pero así no se puede.


Ahora he pasado a ser impredecible. Ya puedo ponerme a llorar, como sonreir agilipollada, como ponerme a gritar de mal humor. 


Por desgracia, ella dice que después de la tormenta viene el tsunami.


En fin. 

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