Estas cosas duelen. Sé mejor que nadie que duelen. Que lo hacen, y mucho. Pero el dolor no te mata. Te deja aturdido, inconsciente. Fuera de combate. Pero no mata. Y al final, este dolor te hace más fuerte. Y la próxima vez, no dolerá, al menos no tanto. Hasta que llegará el momento en el que no habrá próxima vez, porque tú no permitirás que haya próxima vez.
Tienes que dejar que el dolor te confunda, que te espante. Dejar que te corroa por dentro, para que pase cuanto antes, y después se acabe. Puedes hacerlo delante de la gente o no, pero tienes que entender, que tu dolor es contagioso, y que si me lo demuestras, yo también sentiré dolor por ti. También estarán las personas inmunes a tu dolor, que llegarán a aprovecharse de él. Mi consejo, es que no muestres tu dolor en público, para que aquellos que te quieren no se contagien de él, y aquellos que te odian, no se aprovechen. Pero claro, como siempre, ese es solo mi consejo.
Luego queda el dolor físico, que sigue sus propias reglas...
Aunque de él, ya hablaremos otro día.

No hay comentarios:
Publicar un comentario