Vivimos nuestra vida sin ser conscientes de hasta qué punto resulta única. No nos planteamos lo que tenemos, solo nos quejamos de lo que nos falta. No vivimos el presente, vivimos lo que nos gustaría vivir. Nos gustaría vivir una historia de amor, pero en vez de intentar encontrarla entre los rescoldos de nuestras propias historias, nos empecinamos en la idea de que tiene que llegar a nosotros como por arte de magia, porque lo merecemos. Nos gustaría triunfar en el trabajo, pero en vez de sentarnos a trabajar, esperamos a que llegue una oferta para director general, como si cayeran del cielo, porque para eso hemos estado rezando. Soñamos con un mundo mejor, pero nadie hace nada para cambiarlo, porque alguien lo hará por nosotros. Perdemos todo lo bueno que se nos brinda, y nos olvidamos de que el día menos pensado, en el momento más inoportuno...
Se acaba.

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