Es en esos momentos en los que sientes que todo se te viene encima. Esos momentos que desearías borrar de la historia, porque solo hacen daño, y más daño, y causan tanto dolor que te sientes morir. Pensar en ellos duele de tal manera, que no puedes evitar querer llorar, pero el caso es que el dolor es tan grande, que no eres capaz de expresarlo con lágrimas. Te duele pensar que el momento sea real, que no sea fruto de tu imaginación, o de un mal sueño. Desgraciadamente, hay tantos momentos de esos en nuestra vida que no los podemos contar. Algunos perduran en nuestra mente, otros se difuminan, porque nuestra memoria es selectiva, y trata de olvidar aquello que ha causado dolor. Y luego están los que han dolido tanto, que no pasa un día sin que pienses en ellos. Son hechos que cambian tu forma de ver el mundo, que te cambian por dentro de tal manera que también necesitas que te cambie algo por fuera, porque ver que eres la misma persona que antes, cuando no te sientes la misma persona que antes, resulta insoportable. Marcan el final de una etapa y el principio de la siguiente. Marcan tu vida, lo que eres.
Gracias por acompañarme en esos momentos, por no dejar que los viva sola. Por saber que lo que necesito no son unas palabras de consuelo, sino un abrazo, y eso lo que me das. Aunque sea por escrito.
Gracias.

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