Hoy ella se siente perdida. Se siente sola y abandonada en medio de un mundo bullicioso y ajetreado, en el que todo el mundo tiene un papel que cumplir, una persona a la que esperar o una persona esperando. No termina de entender cuál es la causa de su soledad, pero ahí está, inamovible, estática. Ella se siente sola a pesar de notar la presencia de toda esa gente a su alrededor. Esa gente con sonrisas, con planes, con deseos. Gente que piensa en ella. Les mira, confusa, tratando de comprender cómo, si está rodeada de personas que la quieren, siente ese vacío interior, esa falta de todo, ese hueco en su corazón. Es consciente de conocer a todas esas personas, pero no es capaz de darles una identidad, porque, al fin y al cabo, no la tienen. O quizá sí. Pero no es importante. Ya nada es importante, solo saber por qué se encuentra así. Y puede, tan solo puede, que tenga que ver con esa sombra, perteneciente a alguien que fue, y que llenó su ser, pero que ya no es, y que nunca más será.
Esa sombra que no está.


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